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La espera

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la espera
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Esta sentada ansiosa frente a la puerta de aquel consultorio, todo su cuerpo está lleno de pequeños movimientos que parecieran convertirse poco a poco de pequeño temblor a terremoto, restriega sus manos húmedas sobre sus pantalones para secarse aquel sudor pegajoso y frio sobre la tela de estos, su respiración entrecortada la asfixia y pareciera que con el transcurrir de los minutos una losa comprimiera su pecho; hace una pausa, se pide tranquilidad, trata de respirar con un ritmo mas pausado, pero esta vez escucha los latidos acelerados de su corazón los cuales resuenan en sus tímpanos como golpes secos cuyos ecos retumban en su conciencia ansiosa y casi al abismo del pánico.

La puerta se abre pronto de manera brusca interrumpiendo el ensimismamiento de la mujer, es su turno, se levanta de la silla y como quien acude a escuchar su sentencia, ora en silencio, le pide a Dios que la ayude, ya no hay voluntad humana ni buenos deseos que la acompañen, está sola, avanza lentamente en aquel recinto que exhala un olor a alcohol y pinesol, su mirada clavada en las ventanas no quiere ver a la persona que tiene enfrente, pues sabe que cualquier contacto puede transmitirle lo que no quiere escuchar.

Toma asiento y yo no queda voluntad en ella, simplemente se desploma sobre su asiento, ya no discurren pensamientos, ya no importa lo que digan, simplemente quiere saber si el resultado de la biopsia del tumor de mama que apareció hace un mes, es o no un cáncer.

Por primera vez en su vida, en aquellos segundos, esta pasa como una película a gran velocidad y sólo unas palabras surge en su confundida mente: ¡Tánto! para terminar así?

No hay coraza que la proteja, no hay logro que la compense, ha pasado muchos años de su vida tratando de alcanzar sus sueños, si, esos esquivos sueños que cuanto mas cerca pareciera haberlos hecho tangibles, no alcanzaban a llenarla de satisfacción, siempre fue por más y más, pero nunca tuvo tiempo para detenerse, nunca se cuestionó si valía la pena dejar de comer, dormir, jugar, reír, celebrar, llorar, acariciar a un niño, disfrutar de la lluvia o ver un ocaso, siempre quiso llegar primero, siempre quiso llegar más lejos, incluso tal cual Atila pisoteando voluntades ajenas, relegando a sus padres y diciéndoles que los amaba sólo a través de su smartphone, enterrando sus orígenes se olvidó de lo que era, se olvidó quién era.

Una voz hueca, sin sentimientos, una mirada oculta tras unas gafas que no desa ser parte de aquiel momento, pero que el compromiso obliga , no tiene porqué sentir pena, pues no se trata de su familia, no se trata de un amigo  o conocido, es sólo un número más para él, ella es un número y el médico sólo desea irse a casa pues ella es el número 25 del día, pero esta cita, esta conversación será corta, simplemente se trata de comunicar, simplemente se trata de leer un papel con unos cuantos párrafos donde el patólogo ha plasmado el diagnóstico.

«Tienes Cáncer hija mía, hemos confirmado que tienes cáncer de mama…»

La vida cobra otro sentido , ya no se trata de metas, de logros, ahora se trata de sobrevivir… 

 

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